En Lobos no hay sombra ni agua potable, excepto en el restaurante de el Puertito. Por cierto, si queréis comer allï (lo recomendamos) tenéis que reservar en el mismo "restaurante" antes de las 12 del mediodía. El menú no es complicado: o paella o pescado.
En el embarcadero conviene acercarse a la caseta de información y preguntar por las rutas. Observad el monumento a las focas (lobos marinos) que fueron habitantes de Lobos hasta tiempos muy recientes.
La mejor ruta para andar es la circular que os permite conocer toda la isla y no os supondra más que unas dos horas de paseo. Si optáis por subir al volcán de Lobos entonces añadid una hora más.
Desde el mismo embarcadero comenzamos a caminar en cualquiera de las dos direcciones: a la derecha y en 5 minutos estaremos en el Puertito (y en el restaurante, no hay pérdida) o a la izquierda, en dirección a la playa.
Los caminos están perfectamente señalados y conviene no salirse de ellos para no alterar el paisaje, que es una sorprendente combinación de amontonamientos de lava negra, matorrales espinosos pero sorprendentemente verdes, la arena blanca del camino y de alguna caleta y el azul del mar.
En el extremo opuesto de la isla al embarcadero y a el Puertito (una hora caminando), encontramos los restos de una salina abandonada y un faro. Desde la carreterita que sube al faro (único tramo asfaltado) las vistas de toda la isla y de Fuerteventura al fondo son estupendas.
Desde el faro regresamos al embarcadero pero ahora por el lado oeste de la isla. Y pasamos al pie del volcán "la Caldera". Enseguida encontramos una pista que sube hasta allá arriba (127 m.). No subimos: teníamos hambre y el restaurante ya reservado. Pero seguro que merece la pena.
Ya cerca del embarcadero, una vez superado el cono volcánico, encontramos una playa muy blanca y coqueta: la Concha.
Y después de un bañito, a comer.
El restaurante es un sitio muy peculiar. Está situado al pie del mar, tan al pie que desde las ventanas estáis sobre el agua. Desde luego no es cómodo, pero la paella estaba buenísima. Al parecer lo regentan los descendientes del último habitante que tuvo la isla hasta 1968: Antoñito el farero.
El pequeño "pueblo" de El Puertito tuvo cierta vida en la primera mitad del siglo XX. Hoy las viejas casas han sido reocupadas por los descendientes de los propietarios, asentados en Corralejo, que las utilizan en verano. La pequeña cala donde se asientan las 10 o 12 casas es un lugar mágico.
En fín un buen lugar donde perderse unas horas.
Los barcos regresan por la tarde a diferentes horas (creo que el último es a las 6). Pero si queréis quedaros un tiempo más largo, cerca del embarcadero hay una zona de acampada.