Burgos es la ciudad. La primera ciudad de Castilla. Desde su mítica fundación por Diego Porcelos a finales del siglo IX hasta la unificación de los condados de Álava, Burgos, Cerezo, Lara y Lantarón por el primer conde autónomo de Castilla, Fernán Gonzalez en 931, Burgos fue después capital del nuevo reino de Castilla hasta 1085 y mantuvo una posición de predomino hasta el siglo XVI. En el arco de Santa María, antigua puerta de la muralla sobre el río, aparecen representados los principales personajes históricos y míticos relacionados con el origen de la ciudad.
Una vez dentro del casco histórico de la ciudad es casi imposible no dirigirse a la estupenda catedral gótica y admirar allí la cúpula calada o la llamada "escalera dorada" construida para salvar el desnivel que existía entre la entrada por la Puerta de la Coronería y la Puerta del Sarmental.
Esta última puerta, la del Sarmental que se abre a la plaza, esta bellamente decorada con relieves que representan el Pantocrator rodeado del Tetramorfos: los cuatro símbolos de los evangelistas.
En lo alto de la ciudad se conservan mal que bien algunos de los restos del castillo que fue destruido por los franceses en la Guerra de Independencia. Hay allí un pequeño museo pero lo mejor son las vistas sobre la ciudad.
Burgos invita a pasear por sus calles y descubrir palacios, torres e iglesias como esta de San Esteban que acoge un curioso museo de retablos procedentes de toda la provincia.




