El viaje.

El viajero curioso se toma su tiempo en cada lugar. Tiempo para las gentes, las cosas y los casos.

lunes, 18 de julio de 2011

Montserrat, el gigante de piedra.

La montaña de Montserrat es uno de los centros espirituales de la Cataluña histórica. Situada relativamente cerca de la ciudad de Barcelona merece una visita en cualquier año si os gusta caminar por la montaña. La mejor forma de llegar es con los cercanías (creo recordar que es la línea 5) que se cogen en Plaza de España. Tenéis que llegar hasta la estación de Aeri Montserrat si queréis subir en el funicular aéreo, lo que os recomiendo.


Ya la subida en el funicular impresiona por el paisaje y por el enorme desnivel que se supera en un corto trayecto de tiempo. Una vez arriba podéis optar por visitar el Monasterio o bien, como hicimos nosotros, por recorrer la montaña.
Por cierto que junto al monasterio hay una oficina de turismo donde os informarán de todo.


Una ruta muy muy recomendable para andar es la subida a la cumbre de todo el macizo de Montserrat, la cima de Sant Jeroni (1236 m). Podéis hacerlo andando desde el monasterio por una ruta llena de escaleras que asciende pegada a las paredes de roca de un pequeño valle que encontraréis justo detrás del monasterio.
También, si queréis ahorrar fuerzas y tiempo, nosotros fuimos en diciembre, con los días muy cortos, acortaréis mucho desnivel si tomáis un funicular adicional, el de Sant Joan, éste de carriles, que parte desde muy cerca del monasterio y os deja en el llano de Les Tarantules, a casi 1000 m. de altura.
Desde aquí a la cumbre tenéis poco más de una hora por un camino espectacular pero muy seguro y bastante cómodo de andar, tan solo en los últimos 20 minutos la pendiente se hace más exigente. 



Aquí estoy yo a unos pasos de la cumbre.
Y Merce al lado del belencito con el que tenían decorada la cima esos días. Por cierto, ojo al frío intenso y al viento.


Desde la cima las vistas son soberbias y si el día es claro se la vista alcanza a los Pirineos. Algunas de las personas que nos encontramos allí afirmaban que incluso en ocasiones óptimas se llegaba a ver Mallorca. En cualquier caso el lugar impresiona.



En el trayecto de bajada se pueden observar curiosas formaciones rocosas en la piedra de conglomerado que forma la sierra, como la llamada "Panza del obispo".
Si bajáis directamente al Monasterio sin volver al Funicular de San Joan podéis entreteneros contando los escalones de bajada de los muchos tramos de escalera de cemento que encontraréis.


Nosotros apenas tuvimos tiempo para ver el monasterio pues teníamos planes para la tarde en Barcelona, pero de lo que paseamos por allí la verdad es que merece la pena tanto la arquitectura del propio edificio como las obras de arte del museo que nos recomendaron pero no pudimos visitar.


También podéis visitar la Cova Santa, lugar en el que fue encontrada la talla de la Virgen de Montserrat.
Y si os gusta la música religiosa, tenéis que coordinar la visita para poder escuchar a la Escolanía, uno de los mejores coros infantiles de música sacra y de los más antiguos de Europa.
Cuando nosotros fuimos, estaban de vacaciones. Un motivo para volver.
Aunque para volver a Cataluña no hacen falta motivos.


domingo, 3 de julio de 2011

El desfiladero del Cares. Una grieta en la montaña.

Hace unas semanas estuve una vez más en el desfiladero del Cares. Desde el pueblo de Caín, cada vez más repleto de hostales, restaurantes y tiendas de recreo, estuvimos paseando sin prisa por la senda que se interna en la mole caliza de los Picos de Europa.




En realidad la ruta comienza antes de Caín, en Posada de Valdeón. Pero como hasta Caín se puede acceder en coche, en realidad nadie desaprovecha la oportunidad de ahorrarse 8 o 10 Km. de caminata. La carretera de Posada a Caín es espectacular, pero también bastante estrecha y peligrosa. Atención.



La senda tiene poca dificultad y es bastante accesible a todo tipo de personas. De hecho en esta última excursión íbamos con mi madre (65 años) y mi sobrina Daniela (3). Tan solo hay que advertir a las personas que padezcan de vértigo, pues la ruta, bastante horizontal, va ganando altura sobre el fondo del valle, donde corre el Cares y en algunos puntos la caída casi vertical es de cientos de metros.


El tramo más bonito de la ruta son los primeros kilómetros desde la salida de Caín. Aquí la senda está literalmente excavada en la caliza gris, a veces por túneles. También hay varios puentes (muy seguros) que cruzan de un lado a otro del desfiladero. Al cabo de dos o tres kilómetros el desfiladero se abre poco a poco y la ruta sigue el lado izquierdo del valle en el sentido Caín - Poncebos.


Salvo que tengáis un coche esperando en el otro lado de la ruta, es decir en Poncebos, o que queráis completar toda la ruta, la llegada hasta Puente Poncebos tiene menos interés, pues los últimos kilómetros son más feos y difíciles. Primero tenéis una subida suave pero larga y después una bajada pedregosa hasta el aparcamiento de Puente Poncebos.
Un aliciente para bajar si tenéis varios días disponibles, es que Poncebos es un buen punto de partida para recorrer todo el macizo central de Picos. Hace 20 años la única posibilidad era caminando, por pistas o por la pequeña carretera que lleva a Sotres y Tielve. Ahora los visitantes disponen de un "magnífico" funicular que les acerca hasta la aldea de Bulnes. En fin. Tiempos modernos.



Sea como sea, la ruta del Cares es una estupenda forma de iniciarse en la montaña a casi cualquier edad y casi con cualquier condición física. La contrapartida es que la senda suele estar muy concurrida, especialmente en verano.