El viaje.

El viajero curioso se toma su tiempo en cada lugar. Tiempo para las gentes, las cosas y los casos.

miércoles, 15 de junio de 2011

Casa, monte, piedra, hierro. Una luz negra. Chillida Leku.

Visitamos Chillida Leku en agosto de 2010 sin sospechar que poco después cerraría sus puertas quien sabe si para siempre, después de 10 años de existencia.


El caserón de Zabalaga y los jardines que lo abrazan fueron el último sueño de su creador: encontrar un lugar. En estos tiempos en que nos enorgullecemos de ser de todas partes, cuando en realidad ya no somos de ningún sitio.
El interior del caserón, enorme edificio del siglo XVI, cuidadosamente restaurado por Chillida, siguiendo las indicaciones de la propia casa, todavía parece esperar el regreso de sus habitantes despues de la faena en el monte, en la fragua, o con el ganado.

 En los prados verdes y en los pequeños bosquetes de alrededor solo cabe recorrerlos despacio, vagabundeando de una pieza a otra, de la cálida y rugosa piedra rosa llena de luz, a la superficie fría y negra del hierro. 




 "Yo soy de los que piensan, y para mí es muy importante, que los hombres somos de algún sitio. Lo ideal es que seamos de un lugar, que tengamos las raíces en un lugar, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura. Todos los lugares son perfectos para el que está adecuado a ellos y yo aquí en mi País Vasco me siento en mi sitio, como un árbol que está adecuado a su territorio, en su terreno pero con los brazos abiertos a todo el mundo. Yo estoy tratando de hacer la obra de un hombre, la mía porque yo soy yo, y como soy de aquí, esa obra tendrá unos tintes particulares, una luz negra, que es la nuestra."           
                                                                                                 Eduardo Chillida







Una isla, una prisión, un cementerio

La pequeña isla de Cabrera, al sur de Mallorca, es hoy un estupendo parque natural protegido que se puede visitar desde Mallorca, aunque con ciertas limitaciones.

Tiene un pequeño embarcadero con algunas casitas de los que fueron los pocos habitantes que hace tiempo ocupaban la isla. Sobre el puerto se alza un castillo construido en el siglo XIV para prevenir la frecuente piratería que los berberiscos de las costas del Magreb practicaban en todo el Mediterráneo occidental.

Pero Cabrera no es solo un lugar precioso y muy bien conservado gracias a los militares (como veremos). También tiene su historia trágica.
En 1808 tras la derrota de las tropas napoleónicas en Bailén frente al ejército angloespañol unos 18.000 soldados franceses fueron hechos prisioneros. Tamibién fueron capturados los franceses que se encontraban en la zona de Cádiz desde la desastrosa derrota naval de Trafalgar. 
El plan inicial de las autoridades españolas e inglesas era devolverlos a Francia para realizar un canje de cautivos. Pero las cosas se torcieron.
Fueron dispersados. Los mandos y altos oficiales fueron devueltos a Francia, donde cayeron en desgracia debido a su rendicion.
Unos miles fueron enviados a Canarias donde algunos de ellos poco a poco se integraron en las islas, casándose e incluso castellanizando su apellido.
La mayor parte, unos 9.000 fueron abandonados en Cabrera, en ese momento abandonada, sin población ni cultivos. Sin edificaciones más alla de las ruinas del castillo. En principio se les tenía que alimentar desde Mallorca, pero las circunstancias de la guerra o el mal tiempo o el abandono hicieron que el avituallamiento de provisiones fuera muy escaso y sobre todo muy irregular. Cabrera fue el primer campo de concentración y a la postre de exterminio de la historia.
Las cabras silvestres que daban nombre a la isla fueron rápidamente devoradas. Al igual que todo tipo de animales y plantas, algunas de ellas tóxicas o incomestibles. Pronto el hambre hizo estragos al igual que las enfermedades contagiosas y al parecer se vieron escenas de canibalismo y otras prácticas repugnantes.
Cuando la guerra terminó en 1814 y se pudo devolver a los prisioneros a Francia, 3 de cada cuatro habían muerto. En conmemoración a ellos se levantó un monolito en medio de un bosquete de pinos, no lejos de una antigua bodega hoy reconvertida en centro de interpretación del medio natural y de la historia de la isla y a unos 500 metros de la playa, donde muchos turistas disfrutan del sol y de un agua transparente.

En 1909 y en 2009 se hicieron homenajes a estos franceses perdidos en un infierno que hoy es un paraíso.

Después de la evacuación de los franceses la isla se convirtió en propiedad privada. La familia propietaria instaló allí trabajadores que cultivaban unas pocas viñas y levantaron la bodega. Pero la vida en la isla era muy dificil y nunca llegaron a arraigar.
En 1916 Cabrera paso a depender del ejército, pues desde el Almirantazgo británico se denunció al gobierno español que la isla era utilizada por los submarinos alemanes como base de aprovisionamiento y reparaciones.
Gracias a la presencia de los militares la isla quedó preservada de la voracidad turística que invadió las islas Baleares desde los años 60.
En 1991 se crea el Parque Nacional Marítimo - Terrestre del archipiélago de Cabrera.