El viaje.

El viajero curioso se toma su tiempo en cada lugar. Tiempo para las gentes, las cosas y los casos.

sábado, 15 de octubre de 2011

Lobos. Una isla negra.

La isla de Lobos está situada al norte de Fuerteventura, separada de esta por unos pocos kilómetros que se salvan en poco más de media hora desde el puerto de Corralejo. Si estáis por Fuerteventura la visita merece la pena. Sobre todo si el tiempo acompaña y podéis dar un paseo.


En Lobos no hay sombra ni agua potable, excepto en el restaurante de el Puertito. Por cierto, si queréis comer allï (lo recomendamos) tenéis que reservar en el mismo "restaurante" antes de las 12 del mediodía. El menú no es complicado: o paella o pescado.
En el embarcadero conviene acercarse a la caseta de información y preguntar por las rutas. Observad el monumento a las focas (lobos marinos) que fueron habitantes de Lobos hasta tiempos muy recientes.
La mejor ruta para andar es la circular que os permite conocer toda la isla y no os supondra más que unas dos horas de paseo. Si optáis por subir al volcán de Lobos entonces añadid una hora más.


Desde el mismo embarcadero comenzamos a caminar en cualquiera de las dos direcciones: a la derecha y en 5 minutos estaremos en el Puertito (y en el restaurante, no hay pérdida) o a la izquierda, en dirección a la playa.
Los caminos están perfectamente señalados y conviene no salirse de ellos para no alterar el paisaje, que es una sorprendente combinación de amontonamientos de lava negra, matorrales espinosos pero sorprendentemente verdes, la arena blanca del camino y de alguna caleta y el azul del mar.


En el extremo opuesto de la isla al embarcadero y a el Puertito (una hora caminando), encontramos los restos de una salina abandonada y un faro. Desde la carreterita que sube al faro (único tramo asfaltado) las vistas de toda la isla y de Fuerteventura al fondo son estupendas.


Desde el faro regresamos al embarcadero pero ahora por el lado oeste de la isla. Y pasamos al pie del volcán "la Caldera". Enseguida encontramos una pista que sube hasta allá arriba (127 m.). No subimos: teníamos hambre y el restaurante ya reservado. Pero seguro que merece la pena.


Ya cerca del embarcadero, una vez superado el cono volcánico, encontramos una playa muy blanca y coqueta: la Concha.
Y después de un bañito, a comer.
El restaurante es un sitio muy peculiar. Está situado al pie del mar, tan al pie que desde las ventanas estáis sobre el agua. Desde luego no es cómodo, pero la paella estaba buenísima. Al parecer lo regentan los descendientes del último habitante que tuvo la isla hasta 1968: Antoñito el farero.

El pequeño "pueblo" de El Puertito tuvo cierta vida en la primera mitad del siglo XX. Hoy las viejas casas han sido reocupadas por los descendientes de los propietarios, asentados en Corralejo, que las utilizan en verano. La pequeña cala donde se asientan las 10 o 12 casas es un lugar mágico.


En fín un buen lugar donde perderse unas horas.
Los barcos regresan por la tarde a diferentes horas (creo que el último es a las 6). Pero si queréis quedaros un tiempo más largo, cerca del embarcadero hay una zona de acampada.

lunes, 18 de julio de 2011

Montserrat, el gigante de piedra.

La montaña de Montserrat es uno de los centros espirituales de la Cataluña histórica. Situada relativamente cerca de la ciudad de Barcelona merece una visita en cualquier año si os gusta caminar por la montaña. La mejor forma de llegar es con los cercanías (creo recordar que es la línea 5) que se cogen en Plaza de España. Tenéis que llegar hasta la estación de Aeri Montserrat si queréis subir en el funicular aéreo, lo que os recomiendo.


Ya la subida en el funicular impresiona por el paisaje y por el enorme desnivel que se supera en un corto trayecto de tiempo. Una vez arriba podéis optar por visitar el Monasterio o bien, como hicimos nosotros, por recorrer la montaña.
Por cierto que junto al monasterio hay una oficina de turismo donde os informarán de todo.


Una ruta muy muy recomendable para andar es la subida a la cumbre de todo el macizo de Montserrat, la cima de Sant Jeroni (1236 m). Podéis hacerlo andando desde el monasterio por una ruta llena de escaleras que asciende pegada a las paredes de roca de un pequeño valle que encontraréis justo detrás del monasterio.
También, si queréis ahorrar fuerzas y tiempo, nosotros fuimos en diciembre, con los días muy cortos, acortaréis mucho desnivel si tomáis un funicular adicional, el de Sant Joan, éste de carriles, que parte desde muy cerca del monasterio y os deja en el llano de Les Tarantules, a casi 1000 m. de altura.
Desde aquí a la cumbre tenéis poco más de una hora por un camino espectacular pero muy seguro y bastante cómodo de andar, tan solo en los últimos 20 minutos la pendiente se hace más exigente. 



Aquí estoy yo a unos pasos de la cumbre.
Y Merce al lado del belencito con el que tenían decorada la cima esos días. Por cierto, ojo al frío intenso y al viento.


Desde la cima las vistas son soberbias y si el día es claro se la vista alcanza a los Pirineos. Algunas de las personas que nos encontramos allí afirmaban que incluso en ocasiones óptimas se llegaba a ver Mallorca. En cualquier caso el lugar impresiona.



En el trayecto de bajada se pueden observar curiosas formaciones rocosas en la piedra de conglomerado que forma la sierra, como la llamada "Panza del obispo".
Si bajáis directamente al Monasterio sin volver al Funicular de San Joan podéis entreteneros contando los escalones de bajada de los muchos tramos de escalera de cemento que encontraréis.


Nosotros apenas tuvimos tiempo para ver el monasterio pues teníamos planes para la tarde en Barcelona, pero de lo que paseamos por allí la verdad es que merece la pena tanto la arquitectura del propio edificio como las obras de arte del museo que nos recomendaron pero no pudimos visitar.


También podéis visitar la Cova Santa, lugar en el que fue encontrada la talla de la Virgen de Montserrat.
Y si os gusta la música religiosa, tenéis que coordinar la visita para poder escuchar a la Escolanía, uno de los mejores coros infantiles de música sacra y de los más antiguos de Europa.
Cuando nosotros fuimos, estaban de vacaciones. Un motivo para volver.
Aunque para volver a Cataluña no hacen falta motivos.


domingo, 3 de julio de 2011

El desfiladero del Cares. Una grieta en la montaña.

Hace unas semanas estuve una vez más en el desfiladero del Cares. Desde el pueblo de Caín, cada vez más repleto de hostales, restaurantes y tiendas de recreo, estuvimos paseando sin prisa por la senda que se interna en la mole caliza de los Picos de Europa.




En realidad la ruta comienza antes de Caín, en Posada de Valdeón. Pero como hasta Caín se puede acceder en coche, en realidad nadie desaprovecha la oportunidad de ahorrarse 8 o 10 Km. de caminata. La carretera de Posada a Caín es espectacular, pero también bastante estrecha y peligrosa. Atención.



La senda tiene poca dificultad y es bastante accesible a todo tipo de personas. De hecho en esta última excursión íbamos con mi madre (65 años) y mi sobrina Daniela (3). Tan solo hay que advertir a las personas que padezcan de vértigo, pues la ruta, bastante horizontal, va ganando altura sobre el fondo del valle, donde corre el Cares y en algunos puntos la caída casi vertical es de cientos de metros.


El tramo más bonito de la ruta son los primeros kilómetros desde la salida de Caín. Aquí la senda está literalmente excavada en la caliza gris, a veces por túneles. También hay varios puentes (muy seguros) que cruzan de un lado a otro del desfiladero. Al cabo de dos o tres kilómetros el desfiladero se abre poco a poco y la ruta sigue el lado izquierdo del valle en el sentido Caín - Poncebos.


Salvo que tengáis un coche esperando en el otro lado de la ruta, es decir en Poncebos, o que queráis completar toda la ruta, la llegada hasta Puente Poncebos tiene menos interés, pues los últimos kilómetros son más feos y difíciles. Primero tenéis una subida suave pero larga y después una bajada pedregosa hasta el aparcamiento de Puente Poncebos.
Un aliciente para bajar si tenéis varios días disponibles, es que Poncebos es un buen punto de partida para recorrer todo el macizo central de Picos. Hace 20 años la única posibilidad era caminando, por pistas o por la pequeña carretera que lleva a Sotres y Tielve. Ahora los visitantes disponen de un "magnífico" funicular que les acerca hasta la aldea de Bulnes. En fin. Tiempos modernos.



Sea como sea, la ruta del Cares es una estupenda forma de iniciarse en la montaña a casi cualquier edad y casi con cualquier condición física. La contrapartida es que la senda suele estar muy concurrida, especialmente en verano.




miércoles, 15 de junio de 2011

Casa, monte, piedra, hierro. Una luz negra. Chillida Leku.

Visitamos Chillida Leku en agosto de 2010 sin sospechar que poco después cerraría sus puertas quien sabe si para siempre, después de 10 años de existencia.


El caserón de Zabalaga y los jardines que lo abrazan fueron el último sueño de su creador: encontrar un lugar. En estos tiempos en que nos enorgullecemos de ser de todas partes, cuando en realidad ya no somos de ningún sitio.
El interior del caserón, enorme edificio del siglo XVI, cuidadosamente restaurado por Chillida, siguiendo las indicaciones de la propia casa, todavía parece esperar el regreso de sus habitantes despues de la faena en el monte, en la fragua, o con el ganado.

 En los prados verdes y en los pequeños bosquetes de alrededor solo cabe recorrerlos despacio, vagabundeando de una pieza a otra, de la cálida y rugosa piedra rosa llena de luz, a la superficie fría y negra del hierro. 




 "Yo soy de los que piensan, y para mí es muy importante, que los hombres somos de algún sitio. Lo ideal es que seamos de un lugar, que tengamos las raíces en un lugar, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura. Todos los lugares son perfectos para el que está adecuado a ellos y yo aquí en mi País Vasco me siento en mi sitio, como un árbol que está adecuado a su territorio, en su terreno pero con los brazos abiertos a todo el mundo. Yo estoy tratando de hacer la obra de un hombre, la mía porque yo soy yo, y como soy de aquí, esa obra tendrá unos tintes particulares, una luz negra, que es la nuestra."           
                                                                                                 Eduardo Chillida







Una isla, una prisión, un cementerio

La pequeña isla de Cabrera, al sur de Mallorca, es hoy un estupendo parque natural protegido que se puede visitar desde Mallorca, aunque con ciertas limitaciones.

Tiene un pequeño embarcadero con algunas casitas de los que fueron los pocos habitantes que hace tiempo ocupaban la isla. Sobre el puerto se alza un castillo construido en el siglo XIV para prevenir la frecuente piratería que los berberiscos de las costas del Magreb practicaban en todo el Mediterráneo occidental.

Pero Cabrera no es solo un lugar precioso y muy bien conservado gracias a los militares (como veremos). También tiene su historia trágica.
En 1808 tras la derrota de las tropas napoleónicas en Bailén frente al ejército angloespañol unos 18.000 soldados franceses fueron hechos prisioneros. Tamibién fueron capturados los franceses que se encontraban en la zona de Cádiz desde la desastrosa derrota naval de Trafalgar. 
El plan inicial de las autoridades españolas e inglesas era devolverlos a Francia para realizar un canje de cautivos. Pero las cosas se torcieron.
Fueron dispersados. Los mandos y altos oficiales fueron devueltos a Francia, donde cayeron en desgracia debido a su rendicion.
Unos miles fueron enviados a Canarias donde algunos de ellos poco a poco se integraron en las islas, casándose e incluso castellanizando su apellido.
La mayor parte, unos 9.000 fueron abandonados en Cabrera, en ese momento abandonada, sin población ni cultivos. Sin edificaciones más alla de las ruinas del castillo. En principio se les tenía que alimentar desde Mallorca, pero las circunstancias de la guerra o el mal tiempo o el abandono hicieron que el avituallamiento de provisiones fuera muy escaso y sobre todo muy irregular. Cabrera fue el primer campo de concentración y a la postre de exterminio de la historia.
Las cabras silvestres que daban nombre a la isla fueron rápidamente devoradas. Al igual que todo tipo de animales y plantas, algunas de ellas tóxicas o incomestibles. Pronto el hambre hizo estragos al igual que las enfermedades contagiosas y al parecer se vieron escenas de canibalismo y otras prácticas repugnantes.
Cuando la guerra terminó en 1814 y se pudo devolver a los prisioneros a Francia, 3 de cada cuatro habían muerto. En conmemoración a ellos se levantó un monolito en medio de un bosquete de pinos, no lejos de una antigua bodega hoy reconvertida en centro de interpretación del medio natural y de la historia de la isla y a unos 500 metros de la playa, donde muchos turistas disfrutan del sol y de un agua transparente.

En 1909 y en 2009 se hicieron homenajes a estos franceses perdidos en un infierno que hoy es un paraíso.

Después de la evacuación de los franceses la isla se convirtió en propiedad privada. La familia propietaria instaló allí trabajadores que cultivaban unas pocas viñas y levantaron la bodega. Pero la vida en la isla era muy dificil y nunca llegaron a arraigar.
En 1916 Cabrera paso a depender del ejército, pues desde el Almirantazgo británico se denunció al gobierno español que la isla era utilizada por los submarinos alemanes como base de aprovisionamiento y reparaciones.
Gracias a la presencia de los militares la isla quedó preservada de la voracidad turística que invadió las islas Baleares desde los años 60.
En 1991 se crea el Parque Nacional Marítimo - Terrestre del archipiélago de Cabrera.

viernes, 20 de mayo de 2011

El bosque de los reyes

En la vertiente norte de Peñalara se extiende el bosque de Valsaín, lugar elegido por los reyes de Castilla, desde la época de Enrique IV, el hermanastro de la reina Isabel la Católica y padre de la princesa Juana, mal llamada la "Beltraneja" para cazar y dedicarse al ocio.

La verdad es que el lugar es fantástico y merece muchos paseos. Además es muy tranquilo. Una senda muy recomendable es la que a orillas del río Valsaín, que curso abajo se llamará Eresma, recorría Carlos III para pescar y que por esa razón se le conoce: "Camino de las Pesquerías".


En el pueblo de Valsaín se conservan pocos restos pero impresionantes del primitivo palacio que mandó construir Felipe II hacia 1552 y que se quemó en 1697, durante el reinado del último y desgraciado monarca de la familia Austria, Carlos II.


Poco después, el primer Borbón, Felipe de Anjou (Felipe V) también pudo comprobar las ventajas y la belleza del lugar y mandó construir otro palacio, este mucho más aparente y soberbio, inspirado en Versalles, donde el de niño se había criado. Pero vamos a dejar los palacios borbónicos para otro momento y nos vamos a fijar en una estupenda obra de ingeniería: el "Puente de las Canales" que nos encontramos unos 10 minutos río arriba desde el pueblo de Valsaín y que posiblemente alimentó de agua la maquinaria hidraúlica de la Vieja Serrería, hoy ya abandonada.


Aunque la vegetación predominante en Valsaín es el pino silvestre o pino albar (Pinus sylvestris L.) que se sigue aprovechando en distintas serrerías, en la parte inferior del valle, a la altura del embalse del Pontón, también encontramos otras especies como robles, castaños o encinas.
Una recomendación para cuando estemos cansados de caminar por Valsaín: sentarse tranquilamente en cualquier piedra y leer algunos de los poemas que Joaquín Araujo incluye en su nuevo libro "Árbol".
Gracias Araujo. A mí Valsaín me atalanta.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La primera ciudad

En el extremo de la isla de León, hoy ya unida a la península por carretera y ferrocarril, surgió hace quizá 2700 años el primer asentamiento urbano de la vieja Iberia: Gádir - Gades - Cádiz.
Una ciudad abierta al mar, hecha de luz y de sal.

Magníficos edificios del siglo XVIII, época de esplendor de la ciudad, cuando Cádiz se convierte en el centro del comercio americano, sustituyendo a Sevilla.
Muchos (casi 160) cuentan con torres sobre sus terrazas, desde las que los comerciantes gaditanos o los muchísimos agentes comerciales extranjeros radicados en la ciudad, vigilaban la llegada de los barcos procedentes de La Habana, de Caracas o Santo Domingo.


El material básico de la arquitectura es la llamada "piedra ostionera", una caliza de origen orgánico marino en la que son perfectamente visibles los restos fósiles.


Y aquí, en la ciudad más abierta, comercial y burguesa de la España de hace 200 años, mientras el resto del país estaba sumido en una guerra contra la ocupación napoleónica, se reunieron los representantes de la nación en Cortes para deliberar y redactar la primera Constitución política de signo liberal en España.

  

¡Salud y pescaíto frito, amigos! Nos vemos en el sur.

miércoles, 13 de abril de 2011

La catedral de Santiago

Este es uno de los lugares que más me han impresionado en mis idas y venidas por España. Un magnífico edificio medieval, que era el final de uno de los caminos de peregrinación más importante de la Cristiandad desde la Edad Media.







La portada barroca churrigeresca que vemos desde la plaza del Obradoiro, se la debemos a un arquitecto llamado Novoa y, a pesar de ser grandiosa, tiene el inconveniente de ocultarnos por completo la entrada original, el fántástico Pórtico de la Gloria, románica del siglo XII, obra de uno de los pocos artistas medievales que se atrevió a "firmar" su trabajo.


Aquí os dejo un vídeo de Antón Reixa, líder de "Os Resentidos", grupo gallego de los años 80. Es un encargo de la Xunta de Galicia, pero tiene bastante gracia e ironía.



Y otro. Éste de prueba, mucho más corto.

Castro y playa de Baroña

Descubrimos este lugar con nuestro amigo Angel en una excursión desde Santiago. Los restos de las casas de piedra circulares al lado del mar y la playa cercana nos muestran un rincón de la costa española que todavía no ha sido violada por los especuladores y los constructores. Esperemos que siga asi mucho tiempo.


A pesar de haber sufrido en los último años numerosas agresiones urbanísticas, especialmente en las Rías Bajas, Galicia todavía conserva muchos lugares de la costa en un estado casi perfecto.


Por cierto que recuerdo que en la carretera de la costa había un bar que servía unos estupendos bocadillos de pulpo.



lunes, 11 de abril de 2011

El Puente de las Paredes.

Este es uno de mis lugares preferidos en la sierra de Gredos. Especialmente en el verano. Se encuentra en la vertiente norte de la sierra, en el río Barbellido, muy cerca de su confluencia con el Tormes.
No doy más pistas para que la gente que quiera acercarse tenga que esforzarse un poco. Todavía es un lugar bastante tranquilo, aunque en fin de semana ya se juntan muchos visitantes.