Visitamos Chillida Leku en agosto de 2010 sin sospechar que poco después cerraría sus puertas quien sabe si para siempre, después de 10 años de existencia.
El caserón de Zabalaga y los jardines que lo abrazan fueron el último sueño de su creador: encontrar un lugar. En estos tiempos en que nos enorgullecemos de ser de todas partes, cuando en realidad ya no somos de ningún sitio.
El interior del caserón, enorme edificio del siglo XVI, cuidadosamente restaurado por Chillida, siguiendo las indicaciones de la propia casa, todavía parece esperar el regreso de sus habitantes despues de la faena en el monte, en la fragua, o con el ganado.
En los prados verdes y en los pequeños bosquetes de alrededor solo cabe recorrerlos despacio, vagabundeando de una pieza a otra, de la cálida y rugosa piedra rosa llena de luz, a la superficie fría y negra del hierro.
"Yo soy de los que piensan, y para mí es muy importante, que los hombres somos de algún sitio. Lo ideal es que seamos de un lugar, que tengamos las raíces en un lugar, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura. Todos los lugares son perfectos para el que está adecuado a ellos y yo aquí en mi País Vasco me siento en mi sitio, como un árbol que está adecuado a su territorio, en su terreno pero con los brazos abiertos a todo el mundo. Yo estoy tratando de hacer la obra de un hombre, la mía porque yo soy yo, y como soy de aquí, esa obra tendrá unos tintes particulares, una luz negra, que es la nuestra."




No hay comentarios:
Publicar un comentario